Doce años impulsando la innovación en Sinaloa: PCT-UAS

A doce años de su creación, el Parque Científico Tecnológico de la Universidad Autónoma de Sinaloa se consolida como uno de los principales espacios de innovación, investigación aplicada y desarrollo tecnológico en la región, fortaleciendo las capacidades científicas en campos clave del conocimiento e impulsando el crecimiento de Sinaloa a través de proyectos con impacto social, académico y productivo. Desde sus inicios, el PCT-UAS ha asumido cada reto como una oportunidad para innovar y transformar, manteniendo una misión clara: trasladar los conocimientos generados en el laboratorio hacia la vida cotidiana, en concordancia con el Plan de Desarrollo Institucional con Visión de Futuro 2029 de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Estos doce años han sido posibles gracias al esfuerzo conjunto de investigadores, colaboradores, estudiantes y personal comprometido con convertir al parque en un referente de creatividad tecnológica y vinculación estratégica. Uno de los momentos más significativos ocurrió durante la pandemia de 2020, cuando el parque desarrolló insumos de protección médica y manuales operativos que beneficiaron directamente a la población sinaloense en medio de la emergencia sanitaria. En materia de investigación e innovación, el Parque Científico Tecnológico ha fortalecido la gestión de recursos mediante convocatorias nacionales e internacionales, logrando el registro de 18 propuestas de nuevos proyectos. Bajo el modelo de la triple hélice —universidad, empresa y gobierno— se han impulsado iniciativas destacadas como el Camaronímetro, sistemas de reconocimiento de especies vegetales mediante deep learning, lentes anti luz azul, entre otros desarrollos orientados a resolver problemáticas reales desde la ciencia y la tecnología. El parque también se ha convertido en un espacio de formación para nuevas generaciones de innovadores, recibiendo a estudiantes de distintas universidades, quienes han encontrado en este entorno la oportunidad de aplicar y ampliar sus conocimientos en proyectos tecnológicos y científicos de alto impacto. Como parte de su visión de futuro, el PCT-UAS continúa trabajando en el fortalecimiento de alianzas locales e internacionales, la ampliación de talleres especializados y la expansión de actividades de divulgación científica dirigidas a la sociedad. Asimismo, se proyecta la creación del FabLab, un laboratorio de fabricación digital que permitirá a estudiantes desarrollar prototipos, fomentar el emprendimiento y fortalecer el aprendizaje práctico. En este mismo compromiso por fortalecer el ecosistema de innovación en la región, recientemente el Parque Científico Tecnológico de la UAS, bajo el liderazgo del Dr. José Ramón López Arellano, recibió a integrantes de la Mesa de Innovación y Emprendimiento Culiacán, impulsada por CODESIN Zona Centro, para presentar la propuesta de la plataforma digital “Culiacán Startup”. Esta iniciativa busca consolidarse como un espacio digital capaz de articular, visibilizar y conectar a los actores del ecosistema regional, reuniendo información estratégica, programas y oportunidades para impulsar la creación, consolidación y escalamiento de lanzamientos innovadores. En este encuentro participaron representantes de la triple hélice: gobierno, academia y empresa, quienes trabajan de manera coordinada para fortalecer las iniciativas de base tecnológica en la zona centro de Sinaloa. La principal misión del PCT-UAS continúa siendo el fortalecimiento de alianzas estratégicas, ampliando su red de impacto y desarrollando proyectos que respondan a los desafíos del entorno actual. Gracias a la visión de futuro del rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, el Dr. Jesús Madueña Molina, el Parque Científico Tecnológico reafirma su compromiso con la innovación al servicio del desarrollo académico, científico y social de la comunidad sinaloense. Emilia Beltrán, área de comunicación y difusión PCT_UAS

Fracking: entre la oportunidad energética y el desafío ambiental

En los últimos años, el fracking ha vuelto a colocarse en el centro del debate energético en México y el mundo. Esta técnica, también conocida como fracturación hidráulica, representa una alternativa para la extracción de hidrocarburos no convencionales; sin embargo, su implementación implica una serie de beneficios y riesgos que deben analizarse de manera integral. Más que una discusión cerrada, el fracking exige una evaluación crítica que contemple tanto sus aportes económicos como sus impactos sociales y ambientales. Pero, ¿en qué consiste exactamente? El fracking es un método de extracción que comenzó a desarrollarse desde mediados del siglo XX. Consiste en realizar una perforación vertical que puede alcanzar entre 1,600 y 2,000 metros de profundidad, para después extenderse de manera horizontal. En este proceso se inyecta una mezcla compuesta principalmente por agua (90-95 %), arena (4-9 %) y aditivos químicos (0.5-2 %) a alta presión, con el objetivo de fracturar la roca y liberar gas o petróleo atrapado. Debido a que los pozos tienen una vida productiva relativamente corta, esta técnica requiere una expansión constante en el territorio mediante nuevas perforaciones. Desde una perspectiva económica y estratégica, el fracking ha transformado el panorama energético global. Un caso emblemático es el de Estados Unidos, que gracias a esta técnica logró aumentar significativamente su producción de gas y petróleo, reduciendo su dependencia de importaciones y posicionándose como un actor clave en el mercado energético internacional. Este proceso no solo ha contribuido a la disminución de precios de la energía, sino que también ha generado empleos e impulsado el desarrollo de infraestructura en diversas regiones. El fracking también se inserta en las estrategias de soberanía energética de los países. En un contexto global donde los recursos energéticos tienen implicaciones geopolíticas, la capacidad de explotar hidrocarburos propios puede traducirse en mayor autonomía económica y capacidad de negociación internacional. Para países como México, esto abre la posibilidad de aprovechar recursos que anteriormente eran inaccesibles, siempre bajo un análisis cuidadoso de sus implicaciones. Además, en años recientes se han desarrollado avances tecnológicos orientados a reducir los impactos de esta práctica. Entre ellos destacan la reutilización del agua empleada, el monitoreo en tiempo real de las fracturas y el mejoramiento en los sistemas de sellado de pozos. Estos avances han generado un debate sobre si, bajo regulaciones estrictas y supervisión adecuada, el fracking podría realizarse de manera más segura y controlada. No obstante, los riesgos asociados siguen siendo un punto central de controversia. Uno de los principales es el uso intensivo de agua, ya que cada pozo puede requerir miles de metros cúbicos, lo que puede generar presión sobre los recursos hídricos locales. A esto se suma el riesgo de contaminación de mantos freáticos debido a los químicos utilizados, algunos de los cuales han sido señalados por su potencial toxicidad. Un caso frecuentemente citado es el de Vaca Muerta, en Argentina, donde la expansión del fracking generó tanto crecimiento económico como preocupaciones ambientales. En esta región se han documentado afectaciones en cuerpos de agua, cambios en la calidad del aire y conflictos con comunidades locales, lo que evidencia la complejidad de implementar esta técnica en territorios habitados. Asimismo, diversos estudios han señalado una posible relación entre el fracking y el incremento de actividad sísmica. Por ejemplo, en Oklahoma, se registró un aumento considerable de sismos a partir de 2010, fenómeno que ha sido vinculado a la inyección de fluidos en el subsuelo. Aunque existen regulaciones para monitorear estos efectos, su aplicación y efectividad varían según el contexto. En resumen, el fracking representa una de las discusiones más complejas en materia energética contemporánea. Por un lado, ofrece beneficios claros en términos de producción, empleo y autonomía energética; por otro, plantea riesgos ambientales y sociales que no pueden ser ignorados. Más que una postura absoluta a favor o en contra, el verdadero desafío radica en analizar bajo qué condiciones, regulaciones y capacidades institucionales esta práctica podría ser viable. En el mundo actual, el desarrollo no solo se mide por lo que se extrae del subsuelo, sino también por la capacidad de preservar los recursos y garantizar bienestar a las generaciones futuras.   Daniel Rodríguez, área de comunicación de difusión PCT-UAS

El Parque Científico Tecnológico de la UAS recibe a sus nuevos prestadores de servicio social

Impulsando el desarrollo personal y profesional de los estudiantes, el Parque Científico Tecnológico de la Universidad Autónoma de Sinaloa (PCT-UAS) recibió a una nueva generación de alumnos brigadistas prestadores de servicio social, quienes tendrán la oportunidad de fortalecer conocimientos y actitudes clave para su futuro. El pasado viernes 13 de marzo se llevó a cabo la plática de inducción a cargo del Lic. Alan Robles, responsable de actividades de enlace estudiantil en el PCT-UAS. Durante la reunión, se compartió con los jóvenes la trayectoria de esta unidad, los proyectos en los que participarán y la planeación a futuro. En el encuentro estuvieron presentes colaboradores del PCT-UAS y responsables de los laboratorios de Robótica y Realidad Virtual; Diseño, Modelado e Impresión 3D; así como del Área de Comunicación y Difusión Científica. De igual forma, participaron los estudiantes que se incorporarán a dichas áreas durante este periodo. Asimismo, los alumnos de la Universidad Autónoma de Sinaloa provenientes de las carreras de Informática, Procesos Industriales, Electrónica, Telecomunicaciones-Sistema y Electrónica, Ingeniería, Físico Matemáticas, Diseño y Arte Multimedia, ciencias de la comunicación, Artes Visuales y Negocio y Comercio Internacional, estarán realizando su servicio social en los distintos laboratorios y departamentos del parque en el periodo de febrero a agosto de 2026. El servicio social constituye una experiencia fundamental en la formación universitaria, pues representa un puente entre la teoría adquirida en las aulas y la práctica profesional en escenarios reales. Además de contribuir al desarrollo de la comunidad y de las instituciones, permite a los estudiantes fortalecer su compromiso social, adquirir mayor sentido de responsabilidad y consolidar su identidad profesional. Finalmente, los estudiantes recibieron una charla sobre la relevancia del servicio social y las prácticas profesionales, entendidas como experiencias que consolidan la formación académica, al ofrecer un espacio de aplicación de conocimientos, desarrollo de valores y preparación para su futura inserción en el ámbito profesional.   Área de comunicación y difusión PCT-UAS

Spinosaurus mirabilis: hallazgos científicos revelan una nueva fase evolutiva con distintiva cresta en forma de sable

Un reciente hallazgo paleontológico ha revelado nueva información sobre uno de los depredadores más enigmáticos del Cretácico. El descubrimiento de un nuevo espécimen de Spinosaurus mirabilis: cuyo nombre significa “maravilloso, ha sido encabezado por el paleontólogo estadounidense Paul Moreno y el investigador español Daniel Vidal, en colaboración con un equipo internacional de científicos, entre ellos especialistas de la Universidad de Chicago y la Universidad de Málaga (UMA). Este hallazgo aporta valiosos datos sobre las adaptaciones evolutivas y el modo de vida de este singular dinosaurio, ampliando el conocimiento científico sobre su comportamiento y su entorno. La revelación se realizó en una zona remota del desierto del Sahara, en Níger; este descubrimiento cuestiona algunas hipótesis previas que sugerían que el Spinosaurus era completamente acuático y plantea, en cambio, que estaba principalmente adaptado a entornos fluviales. Más que un fósil adicional, este espécimen representa una pieza clave para comprender la evolución de los depredadores del Cretácico, ya que su morfología rompe con el esquema tradicional de los terópodos terrestres. Los resultados fueron publicados en la revista Science, donde lo análisis osteológicos del fósil revelan una densidad ósea notablemente elevada, comparable a la observada en animales actuales como pingüinos o hipopótamos. Esta característica no implica necesariamente una vida en mar abierto; más bien habría funcionado como una especie de “lastre biológico”, permitiéndole desplazarse por el fondo de los ríos y mantener estabilidad en corrientes rápidas mientras acechaba a sus presas. Entre sus rasgos más distintivos destaca una cresta curva de aproximadamente 50 centímetros, recubierta de queratina y probablemente colorida, lo que sugiere posibles funciones de exhibición o comunicación visual. Asimismo, la morfología de sus vértebras caudales indica una cola ancha y flexible, semejante a una aleta. Aunque investigaciones anteriores sobre Spinosaurus aegyptiacus, publicadas el 11 de septiembre de 2014 en Science, ya habían propuesto adaptaciones acuáticas, la nueva evidencia sugiere que esta cola habría funcionado más como un timón de precisión en aguas poco profundas que como un mecanismo de propulsión para nadar largas distancias. Por otra parte, estudios de isótopos de oxígeno en el esmalte de los dientes encontrados junto al fósil confirman una dieta basada casi exclusivamente en peces de agua dulce de gran tamaño. Además, la mayor separación entre los dientes posteriores del maxilar habría funcionado como una especie de trampa natural para capturar presas resbaladizas, lo que posiciona a S. mirabilis como uno de los depredadores dominantes de los ecosistemas fluviales del Cretácico africano. Este descubrimiento representa la identificación de una nueva especie dentro del género Spinosaurus en más de un siglo, y contribuye a cerrar un largo debate académico: lejos de ser un nadador pelágico de mar abierto, el Spinosaurus habría sido un especialista de ribera, adaptado a la caza en ríos y zonas húmedas. Su existencia evidencia una notable plasticidad evolutiva entre los dinosaurios terópodos. De acuerdo con los investigadores, Spinosaurus mirabilis habría vivido hace aproximadamente 95 millones de años, durante el Cretácico medio, y representa una nueva etapa en la evolución de este linaje, transformando nuestra comprensión sobre cómo la competencia por los recursos pudo moldear algunas de las formas más extraordinarias de la vida prehistórica.     Daniel Rodríguez, área de comunicación y difusión PCT-UAS

Telescopios gigantes y la búsqueda de otros mundos

Durante siglos, la humanidad miró el cielo preguntándose si estaba sola en el universo. Hoy, esa pregunta dejó de ser solo filosófica y se ha convertido en un problema científico concreto; la respuesta se busca con ayuda de una nueva generación de telescopios gigantes, instrumentos tan potentes que pueden detectar planetas situados a cientos de años luz y analizar la luz que proviene de sus atmósferas. En las últimas décadas, los astrónomos han confirmado la existencia de más de cinco mil exoplanetas, planetas que orbitan estrellas distintas al Sol. Sin embargo, los telescopios tradicionales apenas permiten saber su tamaño o su órbita. Los nuevos observatorios, en cambio, están diseñados para ir más lejos: estudiar su composición química y buscar señales compatibles con la vida, como vapor de agua, oxígeno o metano. Entre los proyectos más ambiciosos se encuentra el Telescopio Extremadamente Grande (ELT) que se construye en el desierto de Atacama, en Chile, con un espejo principal de 39 metros de diámetro. A él se suman el Telescopio Gigante de Magallanes y el Telescopio de Treinta Metros (TMT). En el espacio, el Telescopio James Webb ya está revolucionando la astronomía al observar con gran precisión en el infrarrojo, ideal para estudiar atmósferas planetarias. Estos instrumentos funcionan como verdaderos “laboratorios cósmicos”. Cuando un planeta pasa frente a su estrella, una pequeña parte de la luz estelar atraviesa su atmósfera. Los telescopios gigantes captan esa luz y la descomponen en colores, revelando qué elementos químicos están presentes. Es una técnica delicada, pero clave para responder si existen condiciones parecidas a las de la Tierra en otros rincones de la galaxia. La búsqueda de otros mundos habitables no solo transforma la astronomía, sino también nuestra manera de entender el lugar que ocupamos en el cosmos. Cada nuevo planeta descubierto amplía el mapa del universo y plantea nuevas preguntas sobre el origen de la vida, la diversidad de los sistemas planetarios y el futuro de la exploración espacial. Así, los telescopios gigantes no solo observan estrellas lejanas: están construyendo una nueva etapa en la historia humana, en la que la posibilidad de no estar solos deja de ser ciencia ficción y se convierte en una hipótesis que la ciencia, por primera vez, puede investigar con rigor.     Emilia Beltrán, área de comunicación y difusión PCT_UAS

Inteligencia artificial: el desafío de innovar con responsabilidad

En la industria de la innovación, uno de los mayores desafíos éticos de la inteligencia artificial casi no se ve a simple vista: los datos. La IA aprende de información previa, como historiales de contratación, consumo, crédito o vigilancia y si esos datos ya contienen prejuicios o desigualdades, el sistema puede repetirlos y hacerlos parecer “neutrales”. A esto se suman otras preguntas importantes: ¿a quién pertenece una idea cuando la propone una IA?, ¿cómo confiar en decisiones que ni siquiera los expertos pueden explicar con claridad?, y ¿qué pasa cuando unas pocas empresas concentran el control de los datos y de la tecnología? Desde esta mirada, innovar no es solo ir más rápido, sino preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo con esas herramientas. En el ámbito de la medicina, la inteligencia artificial ha mostrado avances muy positivos. Hoy puede ayudar a detectar enfermedades en imágenes médicas, priorizar pacientes, predecir riesgos o incluso acelerar el descubrimiento de nuevos medicamentos. Todo esto se traduce en diagnósticos más tempranos, menos tiempo de espera y un mejor uso de los recursos de salud. Sin embargo, también existen riesgos: un sistema puede funcionar bien con ciertos grupos de población y fallar con otros que tienen menos datos disponibles. Además, surgen dudas sobre la privacidad de los expedientes médicos, el consentimiento de los pacientes y la responsabilidad cuando una decisión automatizada resulta incorrecta. En un campo donde una decisión puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, no basta con que la tecnología sea rápida: debe ser clara, revisable y siempre supervisada por profesionales. Las críticas a la inteligencia artificial no han faltado. Desde lo social y lo político, se advierte sobre la vigilancia masiva, la manipulación de la información, la pérdida de empleos o la dependencia excesiva de las máquinas. Desde lo técnico, algunos expertos señalan que muchos sistemas no “entienden” realmente lo que hacen, sino que solo detectan patrones, lo que puede generar una falsa sensación de seguridad. Aun así, quienes defienden su uso coinciden en algo clave, una IA bien diseñada no busca reemplazar a las personas, sino ayudarlas. Lo más valioso que ha logrado hasta ahora no es pensar por nosotros, sino encargarse de tareas repetitivas para que los humanos podamos dedicar más tiempo a investigar, crear, cuidar y tomar mejores decisiones. Definitivamente, el debate no debería ser si estamos “a favor” o “en contra” de la IA, sino cómo usarla con responsabilidad, lo que implica contar con datos de calidad, el consentimiento de las personas, evaluar y corregir sesgos, explicar las decisiones de acuerdo con el nivel de riesgo, ser transparentes sobre sus límites y establecer mecanismos claros de rendición de cuentas. Visto desde la historia de la ciencia, este es un momento decisivo: la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta poderosa para mejorar la ciencia, la medicina y la innovación, o bien en un factor que amplíe desigualdades. Al final, el verdadero reto no está en la tecnología, sino en nuestras decisiones que definen cómo y para qué se utiliza.   Emilia Beltrán, área de comunicación y divulgación PCTUAS

La ciencia en tiempo de Navidad: historia, divulgación y esperanza

La Navidad suele pensarse como un tiempo exclusivamente religioso o familiar; sin embargo, desde una perspectiva histórica, también puede leerse como un momento privilegiado para la circulación del conocimiento científico. A lo largo de la historia moderna, los rituales festivos han funcionado como espacios de transmisión simbólica, donde la ciencia, lejos de ser ajena a la cultura, dialoga con ella. Autores como Steven Shapin han insistido en que la ciencia es una práctica social situada, profundamente vinculada a valores, calendarios y tradiciones colectivas, entre ellas las celebraciones anuales que estructuran la vida social. Desde el siglo XIX, la relación entre Navidad y ciencia se consolidó de manera explícita con iniciativas como las Christmas Lectures de la Royal Institution de Londres, fundadas por Michael Faraday en 1825. Estas conferencias, pensadas para niñas, niños y familias durante las vacaciones decembrinas, reflejan una concepción ilustrada del conocimiento como un bien público. Faraday entendía la divulgación científica no solo como enseñanza, sino como celebración: aprender ciencia podía y debía ser una experiencia festiva, cercana y emocionalmente significativa. La historia de la ciencia ha subrayado que estos espacios no fueron neutros. Robert K. Merton, desde la sociología histórica de la ciencia, mostró cómo las instituciones científicas modernas se apoyaron en valores culturales compartidos, como la cooperación, la curiosidad y la esperanza en el progreso;  que encuentran eco en el simbolismo navideño. La Navidad, en este sentido, funciona como un marco cultural que favorece la divulgación, la reflexión y la transmisión intergeneracional del conocimiento. Asimismo, Thomas S. Kuhn nos recuerda que la ciencia avanza no solo por rupturas paradigmáticas, sino también mediante procesos educativos y narrativos que permiten a las comunidades comprender el mundo, sobre todo en épocas como la Navidad, cuando se detiene el ritmo productivo y se abre un tiempo para la contemplación, la ciencia puede presentarse no como acumulación de datos, sino como una forma de entender nuestro lugar en el universo: desde el origen del cosmos hasta los ciclos naturales que marcan la vida en la Tierra. Desde enfoques más contemporáneos, Bruno Latour y la historia social del conocimiento han enfatizado que la ciencia necesita relatos, metáforas y momentos simbólicos para integrarse en la vida cotidiana. Celebrar la Navidad con ciencia implica reconocer que los descubrimientos científicos, la astronomía que explica la estrella de Belén, la física de la luz, la biología de la vida, también forman parte de nuestra herencia cultural. La divulgación científica en estas fechas refuerza el vínculo entre saber, emoción y comunidad. Finalmente, pensar la Navidad desde la ciencia no es un gesto como accesorio, sino una práctica con profundas raíces históricas. Celebrarla con ciencia es continuar una tradición que concibe el conocimiento como un acto colectivo, generoso y esperanzador. En un mundo marcado por la incertidumbre, la Navidad ofrece una oportunidad para recordar como lo hicieron Faraday y tantos divulgadores después que la ciencia también es un lenguaje para compartir, comprender y celebrar la vida.       Emilia Beltrán, área de comunicación y difusión PCT-UAS  

Innovación en marcha: alumnos de Informática exploran el Parque Científico Tecnológico de la UAS

El Parque Científico Tecnológico de la Universidad Autónoma de Sinaloa (PCT-UAS) recibió la visita de un grupo de estudiantes de la Facultad de Informática Culiacán (FIC), quienes realizaron un recorrido guiado por las diversas áreas que integran este espacio dedicado a la innovación, el desarrollo tecnológico y la vinculación académica. Durante el recorrido, los jóvenes dialogaron con personal del Parque sobre las líneas de investigación en desarrollo, así como las aplicaciones prácticas que estas tienen en sectores como inteligencia artificial, análisis de datos, automatización y desarrollo de software. La visita permitió fortalecer el acercamiento entre la academia y los espacios de innovación, a la vez que motivó a los estudiantes a visualizar nuevas posibilidades para su formación profesional. Cada responsable de laboratorio explicó las funciones de su espacio, las tecnologías que se emplean y los proyectos que actualmente se encuentran en desarrollo, con el propósito de mostrar a los estudiantes cómo el conocimiento que adquieren en las aulas puede tener una aplicación práctica y generar soluciones reales a problemáticas del entorno. Asimismo, se destacó que el Parque Científico Tecnológico es una dependencia universitaria orientada al fortalecimiento de las capacidades tecnológicas de Sinaloa, impulsando la transferencia de conocimiento y la colaboración entre la academia, la industria y el sector público. Desde una perspectiva interdisciplinaria, el PCT-UAS promueve la innovación en campos estratégicos como las tecnologías de la información y la comunicación, la energía, la robótica, el diseño y la manufactura avanzada. Como parte de la jornada, se invitó a los alumnos de la Facultad de Informática Culiacán a integrarse a las iniciativas y proyectos que se desarrollan en el Parque, así como a proponer nuevas ideas y prototipos a través de sus programas de vinculación; esta invitación busca fomentar la participación estudiantil en proyectos de innovación aplicada, fortalecer sus competencias profesionales y contribuir a la formación de talento local altamente especializado. Con este tipo de actividades, el Parque Científico Tecnológico de la UAS reafirma su compromiso con la comunidad universitaria y con el desarrollo científico y tecnológico del estado, al abrir sus puertas a las nuevas generaciones de estudiantes que buscan transformar sus conocimientos en oportunidades para el progreso de Sinaloa.     Emilia Beltrán, área de comunicación y difusión PCT_UAS

Día Internacional del Hombre: desde una mirada histórica y científica

Cada 19 de noviembre se celebra el Día Internacional del Hombre, una fecha relativamente joven. Todo empezó en 1999, cuando Jerome Teelucksingh, un profesor de Trinidad y Tobago, decidió que hacía falta un día para hablar de cómo ser hombre también es una experiencia atravesada por expectativas, presiones y cambios culturales. No era una competencia con el Día de la Mujer; más bien, era una invitación a mirar la masculinidad desde otro ángulo, con curiosidad y sin miedo a cuestionar lo que siempre se ha dado por hecho. Si miramos la historia, la idea de “ser hombre” nunca ha sido la misma. A veces se nos olvida que, en diferentes épocas, los hombres han sido no solo guerreros o proveedores, sino también cuidadores, maestros, artesanos, líderes comunitarios o incluso consejeros espirituales. La historiografía más reciente lo deja claro: la masculinidad ha cambiado una y otra vez, moldeada por la economía, la política y hasta por la forma en que cada sociedad imagina el mundo. Esa historia nos cuenta que no existe un único modelo válido; existen muchos, y todos son producto de su tiempo. La ciencia, por su parte, ha comenzado a mirar más de cerca lo que significa vivir dentro de esos moldes. Psicólogos, sociólogos y especialistas en salud mental coinciden en algo: los mandatos rígidos de “no llores”, “no te quiebres”, “aguanta”, han tenido un costo. No porque los hombres sean débiles, sino porque se les ha enseñado que pedir ayuda o mostrar vulnerabilidad es casi una falta de identidad. Y así, entre silencios y expectativas, se esconden problemas reales: estrés acumulado, depresión, dificultad para expresar emociones, resistencia a buscar apoyo profesional. En las universidades pasa algo parecido. La ciencia, durante décadas, se pensó masculina, mientras que carreras como enfermería o educación se consideraban “más para mujeres”. Pero los estudios actuales están demostrando algo fascinante: cuando se promueve una cultura científica incluyente, una donde nadie se siente fuera de lugar, todos ganan. Hombres y mujeres participan más, se sienten más seguros de intentar cosas nuevas y el aprendizaje se vuelve más colaborativo y creativo. Por eso este día tiene un sentido especial. No se trata de “celebrar la masculinidad tradicional”, sino de abrir la conversación: ¿qué tipo de hombre quiero ser?, ¿qué ideas quiero conservar y cuáles quiero dejar atrás?, ¿cómo podemos construir masculinidades que no lastimen a nadie, ni a uno mismo ni a los demás? La ciencia ha demostrado que las masculinidades más sanas y diversas mejoran la convivencia, la salud mental y las relaciones afectivas. Es un tema de bienestar colectivo, no solo individual. En resumidas cuentas, este 19 de noviembre puede ser una pausa en la rutina para mirar su propia historia. Las aulas, los pasillos y los proyectos que crean hoy marcarán la forma en que las próximas generaciones entiendan el género. La invitación es sencilla: cuestionar, conversar, escuchar y reconstruir. Porque, al final, la masculinidad es como la historia y la ciencia, está viva, se transforma y puede cambiar para bien.   Emilia Beltrán, área de comunicación y difusión PCT_UAS

Parque Científico Tecnológico de la UAS realiza entrega oficial de dispositivo inteligente para la predicción de daño poscosecha

En el Parque Científico Tecnológico de la Universidad Autónoma de Sinaloa (PCT-UAS) se llevó a cabo la entrega oficial del prototipo y la patente del “Dispositivo y Método Inteligente para la Predicción Automatizada de Síntomas de Daño Poscosecha en Productos Hortofrutícolas”, una herramienta desarrollada de manera interdisciplinaria entre la Facultad de Ciencias Químico Biológicas (FCQB) Y colaboradores del Parque. El encuentro fue encabezado por el Dr. José Ramón López Arellano, director del PCT-UAS, quien destacó la importancia de fortalecer proyectos que impulsen la innovación basada en ciencia y tecnología. Durante la reunión participaron investigadoras e investigadores de la FCQB, entre ellos la Dra. Evangelina García Armenta, el Dr. Misael Odín Vega García, la Dra. Martha Edith López López y la Dra. Lidia Elena Ayón Reyna, quienes aportaron su experiencia científica en el desarrollo del dispositivo. Por parte del Parque Científico Tecnológico participaron el Dr. Eduardo Díaz Gaxiola, la M.C. Rosalía Saraí Flores Ceballos, la M.C. Magaly Berenice Montoya Rojo, el M.C. José Gabriel Zúñiga Tapia, el Lic. Juan Luis Quiñones Pacheco y el Ing. Javier Eduardo Abitia Camacho, quienes colaboraron activamente en la integración, desarrollo técnico y validación del proyecto. Asimismo, se contó con la presencia de la Dra. Marcela de Jesús Vergara Jiménez, directora de la Dirección General de Investigación y Posgrado (DGIP); el Mtro.  Roberto Nila Higuera y Débora Miller, representantes del Centro de Instrumentos, quienes resaltaron la relevancia de esta propuesta para el fortalecimiento de la investigación aplicada en la Universidad. Este dispositivo inteligente representa un paso importante en la automatización del análisis poscosecha y en el aprovechamiento de tecnologías basadas en inteligencia artificial para el sector agroalimentario. Con este avance, la Universidad Autónoma de Sinaloa reafirma su compromiso con la innovación, la vinculación académica y la generación de soluciones científicas orientadas al desarrollo del estado.   Emilia Beltrán, área de comunicación y difusión PCT_UAS