¿Sabías que, un día como hoy, pero de 1960, las perritas Belka y Strelka, abrieron camino para los viajes espaciales humanos? En plena carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, dos pequeñas perritas se convirtieron en protagonistas de uno de los experimentos más importantes de la historia de la exploración espacial. Sus nombres eran Belka y Strelka, y el 20 de agosto de 1960 regresaron sanas y salvas a la Tierra después de haber permanecido aproximadamente un día en órbita.
Las perritas habían despegado el 19 de agosto a bordo de la nave soviética Korabl-Sputnik 2, conocida también en Occidente como Sputnik 5. La misión transportaba además ratones, ratas, insectos, plantas y otros organismos. El objetivo era estudiar cómo afectaban a los seres vivos condiciones como la ingravidez y el viaje orbital, pero, sobre todo, comprobar si era posible enviarlos al espacio y recuperarlos con vida.
Belka y Strelka completaron 17 órbitas alrededor de la Tierra antes de regresar. Su recuperación representó un avance fundamental: la Unión Soviética demostraba que una nave con seres vivos podía entrar en órbita y después volver de manera segura. Este conocimiento sería indispensable para preparar el siguiente gran paso: enviar seres humanos al espacio.
La misión también tenía detrás una historia mucho más difícil. Tres años antes, en noviembre de 1957, la perrita Laika había sido enviada al espacio a bordo del Sputnik 2, convirtiéndose en el primer animal en orbitar la Tierra. Sin embargo, aquella nave no había sido diseñada para regresar y Laika murió pocas horas después del lanzamiento debido al sobrecalentamiento y al estrés. Su historia abrió posteriormente importantes debates sobre el uso de animales en la experimentación científica.
El éxito de Belka y Strelka permitió avanzar en el conocimiento sobre los efectos de los vuelos espaciales en organismos vivos. Apenas unos meses después, el 12 de abril de 1961, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin se convirtió en el primer ser humano en viajar al espacio y orbitar nuestro planeta.
La historia tuvo incluso un curioso capítulo posterior. Strelka tuvo cachorros y uno de ellos, llamado Pushinka, fue obsequiado por el dirigente soviético Nikita Jrushchov a la familia del presidente estadounidense John F. Kennedy. En medio de la Guerra Fría, una descendiente de una viajera espacial terminó viviendo en la Casa Blanca.
Hoy, la misión de Belka y Strelka es recordada como uno de los acontecimientos que ayudaron a demostrar que era posible viajar al espacio y regresar con vida, un paso decisivo en el camino que llevaría a la humanidad más allá de la Tierra.
Emilia Beltrán, área de comunicación y difusión PCT_UAS