Más allá del listón rosa: los avances científicos que están cambiando la lucha contra el cáncer de mama

Octubre es el mes de sensibilización sobre el Cáncer de Mama y este 2026 vuelve a colocar en la conversación la importancia de la detección oportuna; las campañas, los listones rosas y los mensajes de prevención se hacen visibles en todo el mundo. Sin embargo, mientras esto ocurre, en laboratorios, universidades y hospitales también se desarrolla otra historia: la de investigadores que buscan nuevas formas de detectar el cáncer antes y tratarlo con mayor precisión. Una de las líneas que más interés ha despertado en los últimos años es la posibilidad de encontrar señales del cáncer mediante una muestra de sangre. Se trata de las llamadas biopsias líquidas, que buscan rastros que los tumores pueden dejar circulando por el organismo, entre ellos pequeños fragmentos de ADN. La idea parece sencilla: si un tumor deja una especie de “huella” en la sangre, ¿podríamos encontrarla antes de que la enfermedad avance? En 2026, una investigación publicada en Nature Communications mostró resultados prometedores en este campo. Los científicos analizaron fragmentos de ADN libre circulante y utilizaron aprendizaje automático para reconocer patrones asociados con el cáncer de mama. El estudio incluyó a más de 790 participantes y logró identificar una proporción elevada de los casos estudiados. Aunque estos resultados son alentadores, las biopsias líquidas todavía requieren mayor investigación y no sustituyen los métodos de detección utilizados actualmente. La inteligencia artificial es otra de las tecnologías que comienza a tener un papel importante. En lugar de reemplazar al médico, los sistemas de IA pueden funcionar como una herramienta adicional para analizar mastografías y localizar patrones que requieren atención. Un ensayo publicado en Nature Medicine en 2026, realizado con más de 31 mil mujeres, encontró que un sistema de inteligencia artificial podía ayudar a disminuir considerablemente la cantidad de imágenes que debían ser revisadas por los radiólogos y, al mismo tiempo, aumentar la detección de casos de cáncer dentro del estudio. Pero quizá uno de los cambios más importantes ocurre después del diagnóstico. Durante mucho tiempo se habló del cáncer de mama como si se tratara de una sola enfermedad. Hoy sabemos que existen diferentes tipos de tumores y que sus características moleculares pueden influir en la manera en que responden a los tratamientos. Por ello, la investigación avanza hacia una medicina cada vez más personalizada. Durante el año en curso, se han registrado nuevos avances terapéuticos para determinados tipos de cáncer de mama avanzado, entre ellos el triple negativo y algunos tumores con alteraciones moleculares específicas. Estos tratamientos no son adecuados para todas las pacientes, pero representan un cambio importante; conocer mejor las características del tumor permite buscar tratamientos dirigidos específicamente a sus particularidades. A pesar de estos avances, la ciencia también obliga a ser cautelosos. Una tecnología prometedora no se convierte automáticamente en una herramienta disponible para todas las personas. Las biopsias líquidas continúan siendo estudiadas para la detección del cáncer de mama y la inteligencia artificial necesita evaluación y supervisión médica. La mastografía, por su parte, continúa siendo una herramienta fundamental para la detección de esta enfermedad. Por eso, este octubre no solamente podemos hablar del color rosa. También podemos hablar de ADN, inteligencia artificial, imágenes médicas, nuevos medicamentos y de las mujeres y hombres que trabajan detrás de cada investigación. Quizá todavía no exista una prueba de sangre capaz de sustituir una mastografía rutinaria ni una inteligencia artificial que pueda resolver por sí sola un diagnóstico. Pero cada descubrimiento permite conocer un poco mejor al cáncer de mama y acercarse a uno de los grandes objetivos de la medicina: detectarlo más temprano y ofrecer a cada paciente el tratamiento más adecuado para su enfermedad. Área de comunicación y difusión PCT_UAS
El PCT-UAS abre sus puertas a una nueva generación de prestadores de servicio social

Impulsando el desarrollo personal y profesional de los estudiantes, el Parque Científico Tecnológico de la Universidad Autónoma de Sinaloa (PCT-UAS) recibió a una nueva generación de alumnos brigadistas prestadores de servicio social, quienes tendrán la oportunidad de fortalecer conocimientos y actitudes clave para su futuro. El pasado viernes 4 de septiembre se llevó a cabo la plática de inducción a cargo del M.C. Alan Robles, responsable de actividades de enlace estudiantil en el PCT-UAS. Durante la reunión, se compartió con los jóvenes la trayectoria de esta unidad, los proyectos en los que participarán y la planeación a futuro. En el encuentro estuvieron presentes colaboradores del PCT-UAS y responsables de los laboratorios de Robótica y Realidad Virtual, Diseño, Modelado y Difusión Científica. De igual forma, participaron los estudiantes que se incorporarán a dichas áreas durante este periodo. Asimismo, los alumnos de la Universidad Autónoma de Sinaloa provenientes de las carreras de las Licenciaturas en Administración de empresas, Ciencias de la Comunicación, Relaciones Comerciales Internacionales, Contaduría Pública, Diseño y Arte Multimedia, además de las ingenierías en Financiera, Procesos Industriales, Informática, Electrónica, Telecomunicaciones, Sistemas y Electrónica; quienes estarán realizando su servicio social en los distintos laboratorios y departamentos del parque en el periodo de agosto 2026 a febrero 2027. El servicio social constituye una experiencia fundamental en la formación universitaria, pues representa un puente entre la teoría adquirida en las aulas y la práctica profesional en escenarios reales. En ese sentido, contribuir al desarrollo de la comunidad y de las instituciones, permite a los estudiantes fortalecer su compromiso social, adquirir mayor sentido de responsabilidad y consolidar su identidad profesional. Finalmente, los estudiantes recibieron una charla sobre la relevancia del servicio social y las prácticas profesionales, entendidas como experiencias que consolidan la formación académica, al ofrecer un espacio de aplicación de conocimientos, desarrollo de valores y preparación para su futuro inserción en el ámbito profesional. Área de comunicación y difusión PCT-UAS
Belka y Strelka: las perritas que regresaron vivas del espacio

¿Sabías que, un día como hoy, pero de 1960, las perritas Belka y Strelka, abrieron camino para los viajes espaciales humanos? En plena carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, dos pequeñas perritas se convirtieron en protagonistas de uno de los experimentos más importantes de la historia de la exploración espacial. Sus nombres eran Belka y Strelka, y el 20 de agosto de 1960 regresaron sanas y salvas a la Tierra después de haber permanecido aproximadamente un día en órbita. Las perritas habían despegado el 19 de agosto a bordo de la nave soviética Korabl-Sputnik 2, conocida también en Occidente como Sputnik 5. La misión transportaba además ratones, ratas, insectos, plantas y otros organismos. El objetivo era estudiar cómo afectaban a los seres vivos condiciones como la ingravidez y el viaje orbital, pero, sobre todo, comprobar si era posible enviarlos al espacio y recuperarlos con vida. Belka y Strelka completaron 17 órbitas alrededor de la Tierra antes de regresar. Su recuperación representó un avance fundamental: la Unión Soviética demostraba que una nave con seres vivos podía entrar en órbita y después volver de manera segura. Este conocimiento sería indispensable para preparar el siguiente gran paso: enviar seres humanos al espacio. La misión también tenía detrás una historia mucho más difícil. Tres años antes, en noviembre de 1957, la perrita Laika había sido enviada al espacio a bordo del Sputnik 2, convirtiéndose en el primer animal en orbitar la Tierra. Sin embargo, aquella nave no había sido diseñada para regresar y Laika murió pocas horas después del lanzamiento debido al sobrecalentamiento y al estrés. Su historia abrió posteriormente importantes debates sobre el uso de animales en la experimentación científica. El éxito de Belka y Strelka permitió avanzar en el conocimiento sobre los efectos de los vuelos espaciales en organismos vivos. Apenas unos meses después, el 12 de abril de 1961, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin se convirtió en el primer ser humano en viajar al espacio y orbitar nuestro planeta. La historia tuvo incluso un curioso capítulo posterior. Strelka tuvo cachorros y uno de ellos, llamado Pushinka, fue obsequiado por el dirigente soviético Nikita Jrushchov a la familia del presidente estadounidense John F. Kennedy. En medio de la Guerra Fría, una descendiente de una viajera espacial terminó viviendo en la Casa Blanca. Hoy, la misión de Belka y Strelka es recordada como uno de los acontecimientos que ayudaron a demostrar que era posible viajar al espacio y regresar con vida, un paso decisivo en el camino que llevaría a la humanidad más allá de la Tierra. Emilia Beltrán, área de comunicación y difusión PCT_UAS
¿Por qué el fútbol nos emociona tanto? La respuesta está en nuestro cerebro

Como cada cuatro años, millones de personas alrededor del mundo se reúnen f rente a una pantalla o llenan los estadios para seguir un Mundial de Fútbol. Los gritos, los abrazos, los nervios y hasta las lágrimas parecen desproporcionados para quienes no disfrutan este deporte. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que, cuando observamos un partido de fútbol o cualquier competencia deportiva, nuestro cerebro responde como si nosotros mismos formáramos parte del juego. Lejos de ser un simple entretenimiento, el deporte activa complejas redes neuronales relacionadas con las emociones, la recompensa, la impotencia y el sentido de pertenencia. En otras palabras, ver un partido es una experiencia biológica y social mucho más profunda de lo que parece. Uno de los principales protagonistas es la dopamina, un neurotransmisor relacionado con la motivación, la expectativa y el aprendizaje por recompensa. Durante un encuentro deportivo, especialmente en jugadas de peligro, penales o goles, el cerebro libera dopamina, generando una intensa sensación de emoción y placer. Curiosamente, esta sustancia no aparece únicamente cuando nuestro equipo anota, sino también durante la espera del desenlace. Esa incertidumbre mantiene al cerebro en estado de alerta, anticipando constantemente qué ocurrirá en los siguientes segundos. Por ello, los deportes con resultados impredecibles suelen resultar especialmente atractivos para los espectadores. Además, aunque permanezcamos sentados frente al televisor, el organismo responde como si estuviera participando en la competencia.; la frecuencia cardiaca aumenta, la respiración se acelera, las manos sudan y se liberan hormonas como la adrenalina y el cortisol, conocidas por preparar al cuerpo para responder ante situaciones de tensión. Investigaciones de la Universidad de Oxford encontraron que los aficionados con un fuerte sentido de identidad hacia su equipo presentan niveles significativamente mayores de cortisol durante los partidos, especialmente cuando el resultado está en riesgo o el equipo pierde. Para el cerebro, el encuentro representa un desafío emocional auténtico. ¿Por qué gritamos un gol, aunque no estemos en la cancha? La explicación también está en nuestro cerebro. Diversos estudios sugieren que, al observar movimientos deportivos, se activan regiones relacionadas con las llamadas neuronas espejo, un sistema que facilita comprender e imitar las acciones de otras personas. Por ese motivo, muchas personas se inclinan involuntariamente cuando un jugador dispara al arco, levantan los brazos antes del gol o incluso sienten el impacto de una falta. El cerebro «simula» parcialmente lo que observa, permitiendo experimentar las acciones ajenas como si fueran propias. El deporte también fortalece uno de los mecanismos más antiguos de la evolución humana: la pertenencia al grupo. Cuando miles de personas cantan el mismo himno, usan los mismos colores o celebran juntas una victoria, aumenta la liberación de oxitocina, una hormona relacionada con la confianza, la cooperación y los vínculos sociales. Incluso investigaciones recientes muestran que quienes observan eventos deportivos en grupo sincronizan parcialmente su ritmo cardiaco y experimentan una mayor sensación de unidad con los demás asistentes. Aunque durante años se pensó que mirar deportes era una actividad completamente pasiva, la evidencia científica comienza a mostrar lo contrario. Estudios con resonancia magnética han encontrado que observar competencias deportivas activa regiones cerebrales vinculadas con el bienestar y la recompensa. Incluso existe evidencia de que seguir deportes de manera habitual puede asociarse con mayores niveles de satisfacción personal y bienestar psicológico, especialmente cuando la experiencia se comparte con otras personas. Así, cada gol, cada remontada y cada campeonato movilizan mucho más que emociones. Activan circuitos cerebrales que durante miles de años ayudaron a los seres humanos a cooperar, formar comunidades y celebrar logros colectivos. Quizá por eso el fútbol sigue siendo considerado el deporte más apasionante del mundo: porque, más allá del marcador, conecta directamente con la forma en que nuestro cerebro fue diseñado para sentir. Área de comunicación y difusión PCT_UAS
Llamado global por el clima en el Día Mundial del Medio Ambiente 2026

El calor llega antes que el amanecer. En distintas regiones de México, las temperaturas superan los 40 grados centígrados, los ríos muestran niveles cada vez más bajos y las lluvias, cuando llegan, suelen hacerlo con una intensidad que pone a prueba ciudades enteras. Lo que hace apenas unas décadas parecía una advertencia lejana, hoy forma parte de la vida cotidiana de millones de personas. En este contexto, el 5 de junio se conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha impulsada por las Naciones Unidas para recordar que el futuro del planeta depende de las decisiones que tomemos en el presente. Este año, la celebración mundial tiene como sede a la República de Azerbaiyán, donde gobiernos, organismos internacionales y especialistas han vuelto a colocar sobre la mesa una pregunta urgente: ¿estamos actuando con la rapidez que exige la crisis climática? La preocupación no es menor; durante los últimos años, el mundo ha sido testigo de incendios forestales más devastadores, sequías prolongadas, huracanes más intensos y un aumento constante del nivel del mar. La comunidad científica advierte que la Tierra se encuentra peligrosamente cerca de superar el límite de 1.5 grados centígrados de calentamiento global establecido en el Acuerdo de París, un umbral que podría desencadenar un impacto ambiental cada vez más difícil de revertir. Frente a este panorama, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente impulsa una campaña global que busca convertir la preocupación en acciones concretas. La meta es clara: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y fortalecer la capacidad de adaptación de las comunidades ante los cambios que ya están ocurriendo. México forma parte de este esfuerzo internacional. En 2025, el país presentó una actualización de sus compromisos climáticos mediante la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC 3.0), estableciendo por primera vez una meta absoluta de reducción de emisiones para 2035. Esta estrategia se complementa con acciones enfocadas en la conservación de bosques y manglares, la restauración de ecosistemas, la transición energética y la promoción de modelos de desarrollo más sostenibles. Sin embargo, más allá de los compromisos firmados en foros internacionales, el desafío también se vive a escala local. Estados como Sinaloa han experimentado olas de calor cada vez más intensas y fenómenos meteorológicos extremos que evidencian la necesidad de fortalecer la infraestructura urbana, proteger los recursos naturales y promover una cultura ambiental que involucre a toda la sociedad. El Día Mundial del Medio Ambiente 2026 llega, así como algo más que una fecha conmemorativa. Es un recordatorio de que el cambio climático ya no es un escenario futuro, sino una realidad presente. Y también una invitación a comprender que cada acción, desde las políticas públicas hasta las decisiones cotidianas, puede contribuir a construir un futuro más sostenible para las próximas generaciones. Área de comunicación y difusión PCT-UAS
Extremos climatológicos: una realidad cada vez más común en México

¿Sabías que México se está calentando a un ritmo superior al promedio mundial? Durante mayo, gran parte del país ha enfrentado intensas olas de calor con temperaturas superiores a los 40 °C, alcanzando hasta un 45 °C en el estado de Sinaloa. Lo que antes parecía un fenómeno extraordinario, hoy comienza a formar parte de la vida cotidiana. Las consecuencias van más allá de la incomodidad; las altas temperaturas incrementan el consumo de electricidad debido al uso constante de ventiladores y aires acondicionados, elevando los costos para miles de familias. Además, el calor extremo reduce la productividad laboral, especialmente en actividades que se realizan al aire libre o en espacios sin condiciones adecuadas de ventilación. Al mismo tiempo, los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más intensos. El calentamiento de los océanos favorece lluvias torrenciales y huracanes más fuertes, sin embargo, muchas ciudades mexicanas carecen de la infraestructura necesaria para soportar grandes cantidades de agua, provocando inundaciones frecuentes, daños materiales y afectaciones a la movilidad urbana. Esta situación evidencia no solo los efectos del cambio climático, sino también las profundas desigualdades sociales que existen en las ciudades. Las personas más vulnerables como los trabajadores de la construcción, comerciantes ambulantes, repartidores y sectores de bajos recursos, son quienes enfrentan mayores riesgos. Son ellos quienes recorren largas distancias bajo temperaturas extremas, carecen de espacios verdes para resguardarse y viven en zonas con mayor exposición a inundaciones y enfermedades relacionadas con el calor. Como advirtió el experto climático indio Rajendra Pachauri, “el calentamiento global ya no es una amenaza futura, es una realidad que afecta nuestras vidas hoy”. Esta afirmación cobra cada vez más sentido en nuestro país, donde las olas de calor extremas, las lluvias intensas y los fenómenos meteorológicos cada vez más agresivos impactan directamente la salud, la economía y la vida cotidiana de millones de personas. Frente a este panorama, resulta urgente apostar por ciudades más resilientes: con mejor infraestructura hidráulica, más áreas verdes, transporte eficiente y políticas públicas capaces de reducir los efectos de las olas de calor. Prepararnos para el futuro ya no es una opción, sino una necesidad inmediata. Daniel Rodríguez, área de comunicación de difusión PCT-UAS